lunes, 15 de marzo de 2010

LA DERECHA LLEGA A LA MONEDA

La derecha llega a la moneda nuevamente. La última vez que lo hizo fue arriba de tanques, bombardeo aéreo mediante, para luego imponer a sangre y fuego su modelo ultraliberal.

Con el arribo de la derecha al poder termina uno de los periodos políticos más prolíferos de nuestro país. La Presidenta Michelle Bachelet se despide con la satisfacción de haber realizados profundas transformaciones al Estado, como es la reforma previsional, que instituye un Estado Social de sólidas bases; con la confianza que la historia sabrá reconocer la tremenda obra realizada por los gobiernos democráticos post dictadura; y con una enorme adhesión y cariño de los chilenos.

La derecha asume el gobierno en un momento en que la naturaleza, dramáticamente, se ha encargado de modificar las necesidades y prioridades del país, lo cual no es óbice para exigir del gobierno la satisfacción de las necesidades, demandas y derechos de los trabajadores y los más postergados, así como el cumplimiento de compromisos éticos y políticos fundamentales.

Con la asunción de Piñera a la presidencia de la república podemos constatar el primer incumplimiento de sus compromisos.

El multimillonario dueño de medios de comunicación no suelta la liana. No cumple su compromiso de desprenderse, antes de asumir la Presidencia de la República, de sus acciones en LAN Chile y, muy por el contrario, se puede observar como gracias a la política y la presidencia se obtiene mayor rentabilidad. Eticamente, Piñera debió enajenar sus acciones antes de las elecciones, sin embargo, business is business, era más rentable esperar; prometió hacerlo antes de asumir la presidencia, pero aun no lo hace, es más conveniente que siga aumentando el precio y ajustar de mejor manera el negocio con los socios. Con respecto a Chilevisión, aun no se concreta el traspaso de la propiedad de dicho importante medio de comunicación, según lo comprometido por Piñera, y lo anunciado se parece al fideicomiso ciego, se anunció el traspaso a una fundación de propiedad de Piñera, la fundación futuro, a la que le cambio de nombre por fundación cultura y sociedad y que conforme a sus estatutos, el Presidente de la entidad es él mismo o quien él designe.

En cuanto a la formación del gobierno, Piñera se había propuesto formar un gobierno de unidad nacional, objetivo que no ha cumplido, pues no logró sumar fuerzas políticas ni liderazgos a su gobierno que le dieran tal carácter. La incorporación de Ravinet carece de relevancia y más aun es una pésima solución, un contrasentido, en cuanto Ravinet es un representante destacado de la Concertación desgastada y en descomposición, que muchos ciudadanos rechazaron, ya en la elección municipal de 2008, rechazo que finalmente determina el triunfo de Piñera y la derrota de la Concertación, coalición que de manera pertinaz no corrigió su conducción desoyendo el claro mensaje del pueblo.

En lugar de un gobierno de unidad nacional, Piñera ha conformado un gabinete de gerentes de empresa. Ha formando un equipo de gobierno que en algunos casos cruza peligrosamente de un lado del mesón al otro. Así mismo, en este momento, merece mención la designación en cargos de gobierno de conspicuos miembros de la Cámara Chilena de la Construcción, entidad que agrupa a responsables de malas construcciones y que sorprende a la opinión pública con una inserción de prensa en defensa de sus asociados, con un enfoque parcial e interesado sobre las responsabilidades. Con todo, el estilo gerencial del gobierno, denota graves falencias en su supuesta mejor virtud, la eficiencia y eficacia, que se expresa en que a varios días de iniciado el gobierno y con una tremenda necesidad, este aun no se termina de conformar, permaneciendo sin nombramiento importantes autoridades de gobierno, como por ejemplo, gobernadores y secretarios regionales ministeriales.

Durante el periodo previo a la elección, Piñera ofreció al país un programa megalómano y populista, crecer por sobre el seis por ciento, doblar el ingreso per cápita, crear un millón de empleos, eliminar la delincuencia, cuyo cumplimiento, incluso antes del terremoto, anunciaba que no se podría alcanzar.

Sin embargo, el terremoto ha dado a Piñera, por una parte, una excusa para el incumplimiento de los compromisos de su demagógico y populista programa, y, por otra parte, a raíz de la necesidad de reconstrucción del país, le otorga un plan de acción u objetivo país que le da sentido a su gobierno.

Hasta ahora podemos observar a Piñera preocupadísimo de los robos a supermercados y tiendas ocurridos luego del terremoto, pero no le hemos visto persiguiendo las responsabilidades de las empresas constructoras por los edificios mal construidos, que se derrumbaron causando muerte, heridos y pérdidas para muchas familias chilenas.

En lo político ha retomado su estrategia pidiendo un nuevo trato a la oposición y convocando a una segunda transición. Un nuevo trato para impulsar la agenda de reconstrucción nacional, materia en la que el congreso nacional muy probablemente legislará correctamente. Su idea de llevar a cabo una segunda transición, la transición al desarrollo, nos devela nuevamente al Piñera que pretende surcar en velero por unas cristalinas aguas en el río Mapocho. Es obvio que, conforme al sistema político chileno, no resulta factible proponerse tal objetivo, considerando que el sistema prevee gobiernos de tan sólo cuatro años.

Para alcanzar el desarrollo se requiere una sincronía y coordinación continua, de largo plazo, de políticas públicas, establecidas en forma participativa por una mayoría consistente de los actores sociales y políticos del país.

Los gobiernos democráticos post dictadura han construido bases sólidas para avanzar hacia el desarrollo y enfrentar este difícil momento de nuestra patria.

Hoy tenemos un principal desafío de reconstrucción nacional, que permitirá dar un importante impulso a la actividad económica relacionada y a la creación de puestos de trabajo, y, por otro lado, tenemos un desafío de continuación con una estrategia seria de desarrollo, que implica, por ejemplo, materializar un profunda reforma al sistema educacional y científico tecnológico, que implique una inversión pública de gran magnitud; avanzar en entregar prestaciones de salud oportunas y de calidad a los chilenos, sobre las bases de lo construido; avanzar en el establecimiento y respeto de condiciones laborales decentes para la trabajadoras y trabajadores chilenos, con sueldo digno, con un sistema moderno de relaciones laborales, que signifique un fortalecimiento y extensión de la sindicalización y la negociación colectiva, condiciones fundamentales de la cohesión social que un proyecto de desarrollo nacional requiere.

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