Han transcurrido 40 años del golpe de estado con que la derecha impuso una bárbara dictadura cívico-militar.
Durante los últimas semanas hemos podido escuchar las diversas aproximaciones a la historia de los actores políticos nacionales y constatar sus posiciones y convicciones éticas y políticas.
Hoy como ayer, la izquierda chilena puede reivindicar con orgullo a Salvador Allende, al gobierno de la Unidad Popular y su carácter profundamente democrático.
En efecto, la tradición política republicana de la izquierda chilena, la vía chilena al socialismo, la revolución con sabor a empanada y vino tinto, dan cuenta de una opción nacional profundamente democrática.
Como señalaba Salvador Allende “a lo largo de nuestro permanente combate por la liberación, de la lenta y dura lucha por la igualdad y por la justicia, hemos preferido siempre resolver los conflictos sociales con los recursos de la persuasión, con la acción política...Esta tradición republicana y democrática llega así a formar parte de nuestra personalidad, impregnando la conciencia colectiva de los chilenos...El respeto a los demás, la tolerancia hacia el otro, es uno de los bienes culturales más significativos con que contamos”.
Conforme señalaba Allende el 5 de noviembre de 1970, el pueblo llega al gobierno “en lo que constituye la manifestación más relevante de nuestra historia: la vigencia y el respeto de los valores democráticos, el reconocimiento de la voluntad mayoritaria”. Y agregaba “Nuestro camino será aquel construido a lo largo de nuestra experiencia, el consagrado por el pueblo en las elecciones, el señalado en el programa de la Unidad Popular: el camino al socialismo en democracia, pluralismo y libertad”.
La izquierda chilena puede dar cuenta de su carácter democrático y los valores humanistas que la inspiran. Los causes institucionales para construir el socialismo en democracia, pluralismo y libertad y la necesidad de conformar una mayoría nacional para las transformaciones profundas de la sociedad constituyen principios doctrinales fundamentales de la Izquierda, que la han inspirado a través de su historia y que mantienen plena vigencia.
Aunque la derecha reclama e intenta un empate político y ético, la izquierda chilena tiene la superioridad moral de no haber impulsado, apoyado y participado de un golpe de estado y de una dictadura bárbara que cometió asesinatos, torturas y las más atroces violaciones a los derechos humanos, crímenes considerados de lesa humanidad.
Cuando escuchamos las declaraciones del general Cheyre y de la candidata de la derecha, hija del miembro de la junta militar general Mattei, constatamos de sus primeras declaraciones, las verdaderas, no las acomodadas posteriormente por razones electorales, que reivindican como alternativa política el golpe de estado y la instauración de una dictadura.
Después de cuarenta años, la conformidad ética y política de la derecha vulnera los principios democráticos y, lamentablemente, expresan su incapacidad de realizar un examen ético y político crítico por haber impulsado, apoyado y participado de un régimen dictatorial que violaba manifiestamente los derechos humanos.
Con las declaraciones recientes de Cheyre y la candidata Mattei, de Cardemil que se les ha unido y otros fanáticos, se representa, en definitiva, fielmente el verdadero pensamiento de la derecha, una derecha que reivindica como opción política el golpe de estado, la dictadura, la ruptura del estado de derecho, el estado de sitio, los campos de prisioneros políticos, la tortura y el asesinato de chilenos, y esto no sólo el año 1973, toda vez que debemos tener presente que durante los años ochenta, la dictadura continuo cometiendo barbaros crímenes, entre otros, se degolló a Parada, Guerreo y Natino, se quemo vivo a Rodrigo Rojas y Carmen Gloria Quintana y en las postrimerías del régimen, a pocos días del plebiscito de 1988, acribillaron a balazos a Jecar Neghme.
Transcurridos cuarenta años del golpe de estado y 25 de la derrota de la dictadura, para avanzar y construir un Chile mejor, se necesita no sólo que la derecha resuelva el déficit de democracia que le afecta y se comprometa en un nunca más un golpe de estado, un régimen de dictadura y violaciones a los derechos humanos, sino que resulta imprescindible resolver el déficit justicia que sufre nuestro país. Como ha dicho la Presidenta Bachelet, existen muchos civiles y militares que no han hecho un cara a cara con la justicia y la verdad.
Por ejemplo, Cheyre debe asumir sus responsabilidades. Cheyre es indicado como uno de los que remató a los fusilados por la caravana de la muerte en La Serena, mediante un disparo en la cabeza.
Es imprescindible que se haga justicia por el asesinato en el Regimiento Arica de La Serena de los compañeros Hipólito Cortes, Oscar Cortes, Jorge Peña, Jorge Jordán, Oscar Aedo, Mario Ramírez, Carlos Alcayaga, José Araya, Gabriel Vergara, José Contreras, Víctor Escobar, Manuel Marcarían, Jorge Osorio, Roberto Guzmán y Marcos Barrantes.
Cheyre pretende pasar por un imbécil que creyó que los padres de un menor de dos años se habían dinamitado en la pre cordillera, dejando abandonado a su hijo. Quiere que le creamos que no se enteró de las violaciones a los derechos humanos que ocurrían en el país, que no supo que habían muerto dinamitados en Coquimbo los compatriotas Mario Romero, Sonia Valencia y Germán Cuello o que no supo que los niños Rodrigo Palma y Jimmy Christie Bossi, de 8 y 9 años, habían sido fusilados por una patrulla militar en Guayacán.
Cheyre en un acto grosero y ofensivo señala que se siente con la conciencia en paz y libre de todo cuestionamiento legal y ético, mostrando que tras cuarenta años mantiene una ética completamente reprochable. En la misma línea, la candidata presidencial de la derecha dice que no tiene que pedir perdón, mostrando su verdadera cara; alega que tenía 20 años para el golpe, que quiere decir con esto, que a los veinte años carecía de juicio, que carecía de discernimiento.
Para construir un Chile de futuro, no bastan las declaraciones de contrición y perdón. Los militares, la derecha, los cómplices, activos y pasivos, de la dictadura y las violaciones a los derechos humanos deben decir la verdad, romper los pactos de silencio y, por ejemplo, entregar la información necesaria para conocer el destino de los detenidos desaparecidos.
A cuarenta años del golpe de estado, y de cara al nuevo ciclo político que se ha iniciado, podemos señalar que Salvador Allende tenía razón cuando el 11 de septiembre de 1973 expresaba: “les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna, de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallar; pero no se detienen los procesos sociales, ni con el crimen, ni con la fuerza. La Historia es nuestra y la hacen los pueblos”.
“Trabajadores de mi patria, tengo fe en Chile y su destino, superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse. Sigan sabiendo que mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas, por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”.
Tenía razón Salvador Allende, hoy nuevamente el pueblo de chile se levanta con fuerza y convicción y forma una Nueva Mayoría, para obtener una victoria en las próximas elecciones presidenciales, victoria que abrirá un camino nuevo para realizar lo que Chile anhela, transformaciones sociales profundas que conviertan a Chile en un país señero en el progreso, en la justicia social, en los derechos de cada hombre, de cada mujer, de cada niño y joven de nuestra patria.
martes, 10 de septiembre de 2013
Suscribirse a:
Entradas (Atom)