El capitalismo financiero mantiene en serio riesgo la estabilidad y el desarrollo. Somete a los pueblos, especialmente a los trabajadores, a la desigualdad y las carencias, generando, en definitiva, profundos desequilibrios económicos, sociales, humanos y ecológicos.
Ya lo decía el Presidente Salvador Allende ante las Naciones Unidadas el año 1972 “estamos ante un verdadero conflicto frontal entre las grandes corporaciones y los Estados. Estos aparecen interferidos en sus decisiones fundamentales por organizaciones globales que no dependen de ningún estado y que en la suma de sus actividades no responden ni están fiscalizadas por ningún parlamento, por ninguna institución representativa de los intereses colectivos... ante este peligro, los pueblos desarrollado no están más seguros que los subdesarrollados”. Así lo ha demostrado la crisis económica financiera internacional que comienza el año 2008.
La crisis económica permanece latente, los gobiernos y sus organismos internacionales no atacan las causas y se abstienen de regular y controlar a los bancos y entidades financieras, como lo muestra la reciente reunión del G20, en que fracasan los principales propósitos del evento como son el intento por establecer mecanismos para supervisar los mercados financieros; la creación de una tasa que forme un fondo de seguro, en virtud de la cual se obliga al sector bancario a participar del costo de su propio salvataje ante eventuales nuevas crisis; y el reforzamiento de reglas de mayor solidez para las instituciones financieras.
Más aun, el laissez-faire económico y sus consecuentes modos de producción, de consumo y de vida han provocado impactos medioambientales, sociales y económicos de tal magnitud que han generado una crisis climática y energética planetaria. Frente a lo cual se abre una nueva era en que resulta imprescindible repensar y cambiar.
La misión de la izquierda es la de impulsar un profundo cambio del modelo de sociedad que permita imponer nuevos equilibrios. La crisis económica y financiera internaciona actual ha dado una ocasión histórica para que la izquierda construya un nuevo proyecto de transformación social, basado en los valores del socialismo la igualdad, la justicia social, la regulación, la democracia, la participación, valores que permiten construir un mundo más justo y más durable.
La construcción de un nuevo proyecto de transformación social exige dar cuenta de las contradicciones del capital y el trabajo como tambien dar respuesta a otros desafíos, como el que impone la ecología al desarrollo, incorporando los recursos naturales en la ecuación.
En esta nueva era, la ecología deviene un asunto económico y social de importancia estratégica. El dominio de las energías del futuro constituye un asunto clave de este nuevo tiempo. Cuando hablamos del dominio de las energías del futuro lo hacemos en dos acepciones del término, por una parte, desde el punto de vista de la propiedad de los recursos y, por otra parte, en el sentido de su buen conocimiento, aplicación y administración.
Para cambiar de lógica económica, ecológica y social debemos tener una mirada de largo plazo. Esto significa consagrar los esfuerzos y recursos a las actividades que aseguran el futuro, es decir, la educación, la investigación, la innovación y el buen manejo energético.
Nuestro modelo de desarrollo debe anticipar la producción de energías renovables y hacer transitar las industrias, la producción y el consumo hacia el uso de tecnologías limpias, lo que implica innovación y avances tecnológicos, valor agregado para nuestros productos, empleo y mejor calidad de vida.
Desde luego, que se requiere un nuevo enfoque de las políticicas públicas y de inversión de los gobiernos regionales y locales, que impulse una nueva dinámica portadora de futuro, que desarrolle la investigación, la innovación y la invensión. Es imperativo hacer esfuerzos colectivos como país para impulsar la investigación, en particular la aplicada, y la educación superior, dando los medios necesarios a las universidades y centros de investigación, para que en conjunto con el sector privado, pongan en marcha proyectos de innovacion científica tecnológica.
En nuestra región, resulta imprescindible constituir un Centro de Investigación Científico Tecnológico del Limarí, que permita contribuir a la incorporación de valor agregado a nuestros productos y a desarrollar nuestras enormes riquezas y potencial en energías hidroeléctrica, eólica y solar. Debemos proteger y desarrollar nuestras riquezas, las que deben estar al servicio de la comunidad y su desarrollo. Es el caso de la importante riqueza hídrica, no sólo en cuanto al agua de la red de embalses y la exploración y alumbramiento de agua en beneficio del desarrollo de las comuniades agrícolas del Limarí, que debe impulsarse fuertemente, sino que también en cuanto importante fuente de energía hidroeléctrica.
La lucha contra el cambio climático pasa en parte importante por el desarrollo de modos de transporte más económicos en energías fósiles. Muestra de ello es el primer vuelo nocturno de un avión propulsado únicamente con energía solar, el Solar Impulse, en Suiza. Muchos creen que el futuro es del automóvil eléctrico. Así lo entienden, las grandes potencias que se abocan a impulsar la fabricación masiva del automóvil eléctrico. En el futuro las demandas por energía eléctrica aumentarán, de manera que si hoy las empresas que explotan las centrales hidroeléctricas y la distribución de energía aumentan la tarifa de la luz, afectando los bolsillos, es necesario que los ciudadanos se apropien del asunto y provoquen los cambios en el modelo social y económico, que impliquen que la comunidad se beneficie de sus riquesas, en energías, en cobre, y pueda dar un salto al desarrollo. Todo, salvo que el dominio de la energía atómica por parte de Iran, sumado a su petróleo, haga que los Estados Unidos comience una guerra atómica de efectos devastadores.
lunes, 16 de agosto de 2010
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