Se inicia un nuevo ciclo de la política chilena. La derecha ha logrado capturar el poder ejecutivo, derrotando a la Concertación, después de 20 años de exitosos gobiernos.
El triunfo de la derecha observa varias causas, entre otras, la desintegración y falta de actualización de un proyecto; la ausencia de una renovada y moderna práctica política de nuevo sello de la Concertación; las propias transformaciones culturales y subjetivas de los electores; y, finalmente, se suma a lo anterior, los reiterados desaciertos cometidos de manera contumaz por nuestros dirigentes.
En este nuevo periodo político que se abre, desde luego que los partidos concertacionistas deberán vivir una profunda reflexión, autocrítica y actualización, un reconocimiento y rectificación real de los errores y malas prácticas, proceso del cual deberían emerger entidades nuevas, capaces de enfrentar los desafíos políticos contemporáneos y concretos del Chile del Bicentenario gobernado por la derecha. Así mismo, se debe dar cuenta de los nuevos desafíos del mundo contemporáneo como aquellos que impone el neoliberalismo mundializado post crisis internacional del sistema, en relación al rol del Estado y la regulación de la banca y el sistema financiero internacional, y, también, aquellos derivados de la contaminación ambiental y el recalentamiento planetario, y aquellos relacionados con la brecha digital o las enormes exigencias de comprensión de las relaciones sociales y la acción política que impone internet y la comunidad 2.0.
El triunfo de la derecha observa varias causas, entre otras, la desintegración y falta de actualización de un proyecto; la ausencia de una renovada y moderna práctica política de nuevo sello de la Concertación; las propias transformaciones culturales y subjetivas de los electores; y, finalmente, se suma a lo anterior, los reiterados desaciertos cometidos de manera contumaz por nuestros dirigentes.
En este nuevo periodo político que se abre, desde luego que los partidos concertacionistas deberán vivir una profunda reflexión, autocrítica y actualización, un reconocimiento y rectificación real de los errores y malas prácticas, proceso del cual deberían emerger entidades nuevas, capaces de enfrentar los desafíos políticos contemporáneos y concretos del Chile del Bicentenario gobernado por la derecha. Así mismo, se debe dar cuenta de los nuevos desafíos del mundo contemporáneo como aquellos que impone el neoliberalismo mundializado post crisis internacional del sistema, en relación al rol del Estado y la regulación de la banca y el sistema financiero internacional, y, también, aquellos derivados de la contaminación ambiental y el recalentamiento planetario, y aquellos relacionados con la brecha digital o las enormes exigencias de comprensión de las relaciones sociales y la acción política que impone internet y la comunidad 2.0.
En esta línea, mucho se ha hablado últimamente del recambio generacional, que “una nueva generación tome el bastón de mando”, expresó Ricardo Lagos Escobar el día 17 de enero después de reconocer la derrota. Al respecto, debemos plantear que el recambio que se requiere no es ‘per se’ de generación, sino observemos, por ejemplo, lo ocurrido con candidatos jóvenes que bajaron la escasa votación de su antecesor o los triunfo consistentes de políticos de los años sesenta. Para este nuevo ciclo político más bien se requiere un recambio dirigencial, expresado en nuevos liderazgos, plurales política, social y culturalmente, toda vez que uno de los vicios y malas prácticas de la Concertación dice relación con la oligarquización y predominio de ciertas familias, aspecto que ya comenzamos a observar cuando se constituye el recambio generacional concertacionista. Se requiere un nuevo liderazgo que posea un cambio de enfoque, un cambio de estilo de hacer política, capaz de encauzar las nuevas ideas y proyectos de transformación social que inspiren y convoquen a una mayoría nacional.
Discrepamos de aquellos que quieren renovar, refundar, ampliar o darle el carácter de 2.0 a la Concertación. Se debe comprender que la Concertación ya cumplió un ciclo, un ciclo muy exitoso, pero que ya concluyó. Nos encontramos en un nuevo periodo político, ante una nueva realidad concreta que requiere una respuesta nueva, que implica una nueva alianza política, un nuevo pacto que una a todas las fuerzas políticas, sociales y culturales contrarias al gobierno de la derecha en una nueva coalición, que sea la que conduzca la oposición al gobierno de la derecha, construya participativamente un nuevo proyecto de desarrollo para Chile, que gane la confianza de los chilenos, y nos conduzca al triunfo en tres años más en las elecciones municipales y en cuatro años más en las elecciones presidenciales y parlamentarias. En este punto, todo indica que el sistema binominal seguirá marcando el próximo periodo, de manera que resulta fundamental un gran entendimiento, una coalición amplia y unitaria de todas las fuerzas que se oponen a la derecha.
Sebastián Piñera intentará sumar fuerzas políticas y personas para su proyecto neoliberal, quizás algunos sucumban ante sus ofertas. Bajo la denominación de una política de los consensos y un gobierno de unidad nacional intenta sumar los votos que le faltan en el congreso y anular y disminuir a la oposición. La conformación de su gabinete será una buena muestra de las características que tendrá su gobierno, también será determinante el hecho de si logra concretar la idea de gobierno de unidad nacional integrando a su gabinete a fuerzas políticas, como el PRI, o líderes de la Concertación.
Las características del gobierno de la derecha, dirigido por un político multimillonario, propietario de medios de comunicación, ya comienzan a denotarse. Para muestra, dos botones del día siguiente de ser electo presidente: el valor de las acciones de Piñera sube de forma desproporcionada, mostrando el grave riesgo que corren los intereses públicos confundidos con intereses privados o la política puesta al servicios de efectos bursátiles; y, luego, Piñera anuncia la incorporación de capitales privados a Codelco. Los proyectos desconocidos, que Piñera mantuvo en calidad de información no divulgada, y que plantea ahora, como la privatización de Codelco, sumado a las ofertas programáticas conocidas como crear un millón de empleos de calidad con buenos sueldos, crecer por sobre el 6%, duplicar el ingreso per cápita, que implican que la tasa de inversión nacional que ahora es del 21% del PIB suba a 28%, y eliminar la delincuencia, constituyen desafíos con importantes ribetes de populismo, que pondrán a prueba al gobierno de la derecha.
En este nuevo escenario político, debemos desplegar una oposición potente e inteligente al Gobierno de derecha, impulsar la movilización social y el desarrollo y fortalecimiento de los movimientos sindicales, gremiales, estudiantiles y sociales. Se abre un periodo de acción y protagonismo ciudadano, en que los chilenos con libertades y derechos serán actores fundamentales del nuevo tiempo. En este sentido, los jóvenes tienen una magnifica oportunidad para desplegar todo su potencial de cambios y transformación social; los trabajadores de impulsar proyectos de fortalecimiento de sus organizaciones y sus derechos; las mujeres y hombres de nuestra patria de luchar en libertad por mayor justicia social.
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