Mucho se habló en los días previos a la primera vuelta que vendría un terremoto en las filas de la Concertación, del desgaste de la Concertación y sus líderes, de la necesidad de renovación de sus dirigentes e incluso de la necesidad de que los actuales dirigentes de los partidos políticos de la Concertación dieran un paso al costado.
Terminada la primera vuelta, sin embargo, para los líderes de la Concertación aquí no ha pasado nada, parecen, como diría nuestro coterráneo gran escritor Luis Sepúlveda, en el libro La Lámpara de Aladino, miembros de un circo que desarrolla “un espectáculo de magos y funambulistas”, y usan diversas argucias para señalar que los resultados son favorables, y se aferran a sus cargos y funciones, sin realizar la menor autocrítica.
La situación es grave y el triunfo de la derecha es inminente, sino se corrigen los graves errores cometidos. La votación obtenida por el candidato de la Concertación es muy baja y existe una enorme diferencia de votos con el candidato de la derecha.
Es desgaste y rechazo a la Concertación es evidente, existe una gran molestia ciudadana con la Concertación, sus líderes y las malas prácticas, existe una enorme cantidad de ciudadanos que esperan cambios ahora, que exigen renovación dirigencial, que esperan ser efectivamente escuchados, todo lo cual debe reconocerse y actuar en consecuencia. Este no es el tiempo de los actuales y desgastados dirigentes y deben dar un paso al costado.
La alianza política que expresa la Concertación se encuentra claramente agotada, se debe comprender que la Concertación se dividió, sufrió importantes escisiones y existen diversas otras expresiones políticas democráticas.
Para triunfar en la contienda presidencial, resulta fundamental que las fuerzas democráticas realicen un nuevo pacto político.
No basta con llamar a las demás fuerzas democráticas, líderes o ciudadanos a “sumarse” a la candidatura de la Concertación y que se les espera con los brazos abiertos; el proceso de entendimiento y confluencia debe realizarse desde otra óptica de equivalencia y no de sumisión, en el marco de una nueva política de alianzas.
En efecto, se requiere una nueva alianza política que convoque al conjunto de las fuerzas políticas y sociales democráticas en una nueva coalición, en torno a un programa por la profundización democrática, en que tenga cabida La Concertación, el PC y el Juntos Podemos, el PRI de Salivar, el MAS de Alejandro Navarro, el Copihue de Marco Enríquez.
Para enfrentar a la derecha en la segunda vuelta y triunfar se requiere un nuevo enfoque, no basta con la bacheletización del candidato y la campaña, lo que ya se hizo y el resultado es conocido; no basta con denunciar la confusión entre la política y los negocios, lo que se viene haciendo desde el 2005 y los resultados son conocidos; no basta con centrarse en atacar las debilidades del contrincante, en que es un empresario y no un estadista.
Se requiere un nuevo enfoque que comienza por reconocer el estado en que nos encontramos, que los resultados electorales son malos, que la correlación y estructuración de las fuerzas políticas ha cambiado.
En lo político hemos perdido la batalla por el centro y el progresismo está dividido. En la dicotomía, que ha guiado a la Concertación durante esta elección, “derecha o conservadurismo v/s progresismo”, el centro político ha quedado en manos del candidato de derecha y el progresismo se representa en tres candidaturas, lo cual impone una exigencia política y programática de envergadura, a fin de saber equilibrar los diversos intereses sociales y políticos, para esta segunda vuelta.
En consecuencia, las fuerzas democráticas tienen un primer gran desafío de conformación de una alternativa unitaria, un movimiento ciudadano, que convoque una mayoría nacional tras un programa de protección social a los sectores vulnerables, los trabajadores y las clases medias, de profundización democrática y cambios.
CARLOS FUENTEALBA MALDONADO
jueves, 17 de diciembre de 2009
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