jueves, 9 de septiembre de 2010

LA RECUPERACIÓN DE NUESTRO COBRE: PRINCIPAL BANDERA DE LUCHA DE LOS CHILENOS

Nuestro país, luego de largos años de lucha, logró por la unanimidad del Congreso Nacional, el año 1971, nacionalizar el cobre y ponerlo al servico de Chile y los chilenos, con gran éxito como lo demuestra la importancia fundamental que tiene Codelco para el desarrollo nacional. Sin embargo, a partir del año 1990, nuevamente las empresas transnacionales se apoderaron de nuestro cobre, alcanzando a tener hoy más del 60% de la producción nacional.

Las beneficiosas condiciones brindadas a las empresas transnacionales para invertir y apropiarse de nuestro cobre son de tal magnitud que impresionan e incorporan una dosis importante de sospecha: a) invariabilidad tributaria; b) depreciación acelerada; c) cambio en el sistema de tributación pasando de declarar según renta presunta, esto es, según el monto de las ventas, a renta efectiva, esto es, según las utilidad, lo que permitió que durante muchos años declararán pérdidas y pagarán cero impuesto; d) deficiente, sino nula, fiscalización del Servicio de Impuestos Internos, Servicio Nacional de Aduanas y Cochilco, por ejemplo, respecto de las desproporcionadamente bajas ventas de subproductos del cobre que declaran las empresas privadas si se comparan con las que declara Codelco, hechos que podrían incluso constituir delito, conforme al art. 97 N°4 del Código Tributario, que sanciona “las declaraciones maliciosamente incompletas o falsas que puedan inducir a la liquidación de un impuesto inferior al que corresponda…o el empleo de otros procedimientos dolosos encaminados a ocultar o desfigurar el verdadero monto de las operaciones realizadas o a burlar el impuesto”, y conforme a la Ordenanza de Aduanas que establece el delito de contrabando impropio; e) establecimiento de un “Royalty” o más bien un impuesto específico a la renta operacional en un porcentaje extremadamente bajo, un 5%, en relación al valor de la renta del cobre, muy por debajo del vigente en los países donde operan las empresas mineras que explotan nuestro cobre.

Las cifras involucradas son elocuentes y verdaderamente impactantes, por ejemplo, el día de miercoles 24 de agosto, el diario La Tercera informa sobre las rentabilidades obtenidas por la más importante minera privada durante el primer semestre del año y destaca que las ganancias de Minera Escondida habían crecido un 53%, comparado con igual periodo del año anterior, obteniendo ingresos ordinarios por ventas por un total de US$3.718 millones, declarando utilidades netas por US$1.607 millones. Las utilidades operacionales de las empresas de la gran minería fluctúan entre un 40% y un 60% de sus ingresos por venta, como expresa Juan Villarzú, y agrega “En cualquier industria competitiva, lograr y mantener márgenes operacionales del 40% o más no debiera ser posible; de hecho, son pocas las empresas que aspiran y obtienen márgenes operacionales que se acerquen al 20%”. CENDA ha publicado un nuevo estudio acerca de la Tributación y ganancias de la industria minera en Chile: 2005-2009, donde señala: “Basado en sus propios balances, se comprueba que las las mineras privadas obtienen ganancias antes de impuestos, intereses, depreciación y amortizaciones, que superan los 20.000 millones de dólares por año. Dicha suma equivale a todas sus inversiones realizadas entre 1974 y 2008. Los impuestos totales pagados no superan un 17 por ciento de las mismas”.

Chile no está siendo compensado como corresponde y las empresas extranjeras están obteniendo rentabilidades extraordinarias, utilidades que exceden una compensación razonable por el riesgo y monto de sus inversiones.

Por qué tantas ventajas y privilegios? Por qué Presidentes de la República, Ministros de Estado, Parlamentarios y la “elite” política (“clase” les gusta más bien autonombrarse, aunque más bien se constituyen en oligarquía), de gobierno y oposición, pueden seguir entregando a vil precio nuestra principal riqueza?

Lo ocurrido con nuestro cobre durante los últimos veinte años indigna, si observamos las cifras de pobreza y distribución de la riqueza, si observamos las necesidades de salud, de educación, de trabajo decente y sueldo digno de una gran mayoría de nuestros compatriotas.

Piñera ha vuelto a plantear un proyecto de ley de “Royalty” en la misma la línea ya conocida, ofrecerle más privilegios y mejores negocios a las empresas mineras extranjeras a cambio de un pequeña contribución. Piñera quiere que las mineras transnacionales “aporten” mil millones de dolares en tres años, una “bicoca”, si las transnacionales ganan 20 mil millones de dólares anuales, y más encima se extiende la invariabilidad tributaria hasta el año 2025. “Si continuamos con la misma ley, creo que estamos en el peor de los mundos” dijo el Ministro de Minería. No se que proyecto conoce el ministro, pero el publicitado no varía el actual mundo. Piñera intenta asegurar la aprobación pidiendo a las mineras un monto tal que le permita repartir dicha suma entre los parlamentarios de regiones. Es probable que logrará su aprobación, pero nada cambiará mucho para las mineras, y para Chile, solo será un parche más. La Concertación ha propuesto terminar con la invariabilidad tributaria y aumentar el impuesto específico a las rentas operacionales hasta un 19%. El gobierno señala que cualquier cambio debe contar con la buena voluntad de las empresas mineras, pues estás gozan de privilegios otorgados por ley, sino la nueva ley será letra muerta.

Sin duda la discución debe ser más amplia, Chile debe reformular su estructura tributaria y la carga que pagan las grandes empresas y las grandes fortunas, lo que es un desafío imposible de evitar, tal como la formulación de un política de recursos naturales y energías estratégicas, un nuevo Código del Trabajo y una nueva Constitución Política de la República.

En el caso específico de la tributación de la industria minera, debemos impulsar, desde ya, el establecimiento de un nuevo régimen tributario para la gran minería del cobre, en virtud del cual el Estado obtenga una parte importante de la renta del cobre que le corresponden como dueño y las empresas mineras limiten sus rentabilidades a montos razonables. Se debe legislar y fiscalizar para cerrar las brechas tributarias que permiten evadir y eludir impuestos, por ejemplo, en cuanto a los subproductos del cobre, a los créditos con empresas relacionadas, al valor de las operaciones de transferencia o sobre las pérdidas de contratos a futuro que son usados para transferir utilidades a empresas relacionadas ubicadas en paraísos fiscales, todo lo cual significa sumas muy, pero muy por sobre los mil millones de dolarés que se pretende recaudar con las propuestas que presentan el gobierno y la Concertación.

Como diría el Presidente Salvador Allende a propósito de la nacionalización del cobre “No se trata de un camino de provocación para aquellos que invirtieron el dinero hace tiempo en Chile; no queremos el camino de la apropiación indebida ni de la usurpación; pero tampoco queremos el privilegio y la granjería. Queremos se dicte en un país independiente y soberano, dentro del marco jurídico... queremos dictar una ley, repito, dentro de los causes legales, que permita a Chile, hacer que el cobre sea autenticamente nacionalizado y sea el cobre de Chile y los chilenos”.
Frente a la supuesta imposibilidad de terminar con la invariabilidad tributaria y demás privilegios, debemos tener presente que conforme a la Constitución Política de la República, el Estado goza del dominio patrimonial sobre todas las minas, prescribiendo expresamente que “El Estado tiene el dominio absoluto, exclusivo, inalienable e imprescriptible de todas las minas”. En consecuencia las leyes dictadas con posterioridad a la Constitución, como el DL 600 y sus modificaciones, la Ley Orgánica de Concesiones Mineras y otras diversas leyes antinacionales, y los contratos de inversión extranjera suscrito conforme a esas disposiciones, son contrarios a la Constitución. Si se pudo nacionalizar el cobre por la unanimidad del Congreso Nacional el año 1971, hoy también es posible impulsar un Gran Acuerdo Nacional por la recuperación de nuestro cobre.

Poner el cobre al servicio de la patria implicaría un impacto profundo y decisivo en la lucha contra la pobreza y en el propósito de lograr el desarrollo nacional. Recuperar nuestro cobre constituye un imperativo moral y patriótico que interpela a todos los chilenos, debiera ser la principal bandera de lucha del Partido Socialista y todos quienes creemos en un Chile justo y solidario.

La recuperación de nuestro cobre sólo será posible si los ciudadanos, si el pueblo y los trabajadores, las organizaciones sindicales y sociales, toman conciencia de la importancia estratégica que tiene nuestro cobre y se organizan y luchan para recuperarlo.

Como dice mi profesor de derecho minero en la Universidad de Chile, el gran poeta Armando Uribe, en el prólogo del libro “Manual del Defensor del Cobre” de Julian Alcayaga, “Los léctores... han de imponer el interés del país, del verdadero país, que nos escamotean los Sanchos Panzones que se contonean en sus poderes gozosos, públicos y privados, mintiendo por acción y omisión. Dirán que esto es quijotesco. Los que mandan quisieran reirse de los que no mandamos. Pero no saben ignorantes, además de malisiosos que don Quijote es el amo de Panza”.

Carlos Fuentealba Maldonado
Abogado

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