jueves, 17 de diciembre de 2009

CAMBIO Y UNIDAD PARA TRIUNFAR

Mucho se habló en los días previos a la primera vuelta que vendría un terremoto en las filas de la Concertación, del desgaste de la Concertación y sus líderes, de la necesidad de renovación de sus dirigentes e incluso de la necesidad de que los actuales dirigentes de los partidos políticos de la Concertación dieran un paso al costado.

Terminada la primera vuelta, sin embargo, para los líderes de la Concertación aquí no ha pasado nada, parecen, como diría nuestro coterráneo gran escritor Luis Sepúlveda, en el libro La Lámpara de Aladino, miembros de un circo que desarrolla “un espectáculo de magos y funambulistas”, y usan diversas argucias para señalar que los resultados son favorables, y se aferran a sus cargos y funciones, sin realizar la menor autocrítica.

La situación es grave y el triunfo de la derecha es inminente, sino se corrigen los graves errores cometidos. La votación obtenida por el candidato de la Concertación es muy baja y existe una enorme diferencia de votos con el candidato de la derecha.

Es desgaste y rechazo a la Concertación es evidente, existe una gran molestia ciudadana con la Concertación, sus líderes y las malas prácticas, existe una enorme cantidad de ciudadanos que esperan cambios ahora, que exigen renovación dirigencial, que esperan ser efectivamente escuchados, todo lo cual debe reconocerse y actuar en consecuencia. Este no es el tiempo de los actuales y desgastados dirigentes y deben dar un paso al costado.

La alianza política que expresa la Concertación se encuentra claramente agotada, se debe comprender que la Concertación se dividió, sufrió importantes escisiones y existen diversas otras expresiones políticas democráticas.

Para triunfar en la contienda presidencial, resulta fundamental que las fuerzas democráticas realicen un nuevo pacto político.

No basta con llamar a las demás fuerzas democráticas, líderes o ciudadanos a “sumarse” a la candidatura de la Concertación y que se les espera con los brazos abiertos; el proceso de entendimiento y confluencia debe realizarse desde otra óptica de equivalencia y no de sumisión, en el marco de una nueva política de alianzas.

En efecto, se requiere una nueva alianza política que convoque al conjunto de las fuerzas políticas y sociales democráticas en una nueva coalición, en torno a un programa por la profundización democrática, en que tenga cabida La Concertación, el PC y el Juntos Podemos, el PRI de Salivar, el MAS de Alejandro Navarro, el Copihue de Marco Enríquez.

Para enfrentar a la derecha en la segunda vuelta y triunfar se requiere un nuevo enfoque, no basta con la bacheletización del candidato y la campaña, lo que ya se hizo y el resultado es conocido; no basta con denunciar la confusión entre la política y los negocios, lo que se viene haciendo desde el 2005 y los resultados son conocidos; no basta con centrarse en atacar las debilidades del contrincante, en que es un empresario y no un estadista.

Se requiere un nuevo enfoque que comienza por reconocer el estado en que nos encontramos, que los resultados electorales son malos, que la correlación y estructuración de las fuerzas políticas ha cambiado.

En lo político hemos perdido la batalla por el centro y el progresismo está dividido. En la dicotomía, que ha guiado a la Concertación durante esta elección, “derecha o conservadurismo v/s progresismo”, el centro político ha quedado en manos del candidato de derecha y el progresismo se representa en tres candidaturas, lo cual impone una exigencia política y programática de envergadura, a fin de saber equilibrar los diversos intereses sociales y políticos, para esta segunda vuelta.

En consecuencia, las fuerzas democráticas tienen un primer gran desafío de conformación de una alternativa unitaria, un movimiento ciudadano, que convoque una mayoría nacional tras un programa de protección social a los sectores vulnerables, los trabajadores y las clases medias, de profundización democrática y cambios.
CARLOS FUENTEALBA MALDONADO

miércoles, 9 de diciembre de 2009

EL DILEMA ELECTORAL DEL PARTIDO SOCIALISTA DE CHILE

Iniciado la parte final de la contienda presidencial y parlamentaria, el socialismo enfrentara un nuevo dilema. El resultado de esta batalla electoral medirá el éxito o fracaso de la actual dirección, en particular considerando algunos parámetros de interés, se evaluará, principalmente, por dos dimensiones: el resultado de la elección presidencial y el resultado de la elección parlamentaria.
En cuanto a la variable elección presidencial, es claro que enfrentaremos una segunda vuelta entre E. Frei y S. Piñera. Al respecto, para las fuerzas democráticas resulta fundamental, por una parte, que la diferencia entre ambas coaliciones sea aun más estrecha que lo que reflejan las encuestas, y, por otra parte, es determinante que el máximo de votos de las candidaturas alternativas voten por el candidato de la Concertación, en particular la votación de MEO, que claramente se partirá en tres (E. Frei, S. Piñera, y nulos o blancos).
Para lograr lo anterior, es muy importante mostrar a los ciudadanos que la contradicción principal del periodo es entre el neoliberalismo conservador y especulador de la derecha y el camino de fortalecimiento y extensión hasta los sectores medios del sistema de protección social instituido por la Presidenta de la República Michelle Bachelet.
Políticamente se debe hacer un esfuerzo especial para conquistar el centro y programáticamente, a las capas medias y trabajadores, extendiendo el sistema de protección social y dictando un nuevo Código del Trabajo, sin dejar en el centro de las políticas públicas a los segmentos mas vulnerables.
Es fundamental que las fuerzas políticas y sociales democráticas conformen un Frente Amplio que derrote a la derecha, al que concurran las fuerzas políticas que hoy se agrupan en la Concertación, el Juntos Podemos, el Copihue de Marco Enríquez, y el PRI de Zaldivar.
Una dimensión muy relevante, por cierto, será el resultado de las elecciones parlamentarias. En esta oportunidad, el éxito no se medirá por los porcentajes de votos obtenidos si no que por el número de los parlamentarios elegidos y por el éxito de la política contra la exclusión, que signifique la elección de parlamentarios del Partido Comunista de Chile (PC), todo en relación a la mayoría parlamentaria necesaria para impulsar el programa de gobierno. En consecuencia, la dirección del PS, tiene el enorme desafío de, a lo menos, mantener su actual número de 15 diputados y 7 senadores en ejercicio.
Más allá de las elecciones y sus resultados, se actualiza un importante desafío para el socialismo, que Clodomiro Almeyda definía en la necesidad de “mostrar la vigencia y viabilidad del PS en el siglo XXI”.
El Partido Socialista de Chile debe mostrar que puede seguir siendo un eje fundamentadle la coalición de centro izquierda más exitosa de los últimos años. Debe mostrar que puede representar y defender tanto los temas históricos por los que surgió (desigualdades, injusticias sociales, discriminaciones) como las nuevas desigualdades de la sociedad del conocimiento, por ejemplo, la brecha de acceso en el ámbito digital; o las desigualdades y desafíos que impone el neoliberalismo mundializado post crisis internacional del sistema, como por ejemplo, el rol del Estado y la regulación del capitalismo financiero internacional; o los desafíos que imponen la vida en un medio ambiente saludable, como por ejemplo, el establecimiento de impuesto a las personas y a la producción por el consumo de combustibles fósiles que contribuyen al recalentamiento del planeta; o dar cuenta de las enormes exigencias de comprensión de las relaciones sociales y la acción política que impone internet y la comunidad 2.0.
Los desafíos del socialismo, luego del éxito del gobierno de nuestra Presidenta Michelle Bachelet, son más complejos y turbulentos. Enfrentar con éxito esta nueva tarea es el compromiso de todos quienes se sienten representados por nuestra identidad, historia y programa. Nadie debe ser excluido de este desafío.